Entrevista a Pedro Burruezo, cantante de Burruezo & Bohemia Camerata y redactor jefe de The Ecologist, con motivo de la aparición del disco “Multaqa Antigua Contemporània” (K Industria Cultural). Recopilación de declaraciones aparecidas en diversos medios de todo el estado español. Debajo, otra entrevista, también hecha a base de retales de entrevistas aparecidas en diversos medios con motivo de la aparición del disco anterior, “Barcelona Intimísimo Café” (K Industria). También participan en la entrevista Jovic Sagristà y Lea Shalom.
-Háblanos de “Multaqa Antigua Contemporània”.
-Sheick Mohammed Ventura nos presentó a Wafir S. Gibril en el Festival de las Tres Culturas “Multaqa”, de Simat de la Valldigna, Valencia. En unas horas, los miembros de la Bohemia Camerata y Wafir improvisamos una actuación conjunta. Fue una experiencia reveladora. Me di cuenta enseguida de que el cruce entre Oriente y Occidente, en lo musical, a pesar de haber sido muy explorado, todavía no ha encontrado techo. Más, aún, cuando todos los textos del disco están basados en el sufismo. Hay otra forma de aproximarse a Oriente que, más allá de las formas musicales, estriba en ahondar en verdades espirituales que han desaparecido hoy por completo del mundo occidental, que, dicho sea de paso, ya abarca a todo el orbe. Cuando hablo de Oriente, no me refiero a un enclave geográfico, sino a una forma de percibir el mundo.
-¿Qué significa “multaqa”? ¿Y por qué “Antigua” y “Contemporània” al mismo tiempo?
-En árabe clásico, “multaqa” significa encuentro, encuentro amistoso. En catalán, sería “trobada”. Y este disco es una “multaqa”, entre otras cosas, porque participan músicos de las tres tradiciones abrahámicas, musulmanes, judíos y cristianos. Y, bajo una especie de nuevo medievalismo, el disco contiene aires musicales y poéticos de las tres culturas. Pero, además, hay estribillos pop, guitarras flamencas, canto semigregoriano, orígenes de músicas tradicionales, perfumes de músicas clásicas, percusiones electrónicas, arreglos para música de cámara… Es una “multaqa” en muchos aspectos. ¿Por qué “Antigua” y “Contemporània”? Pues porque este disco es tan antiguo como contemporáneo. Bebe del medievalismo de Al Andalus y, al mismo tiempo, te dispara hacia el futuro. Y, además, está cantado en castellano, catalán, árabe clásico y tiene una pieza en japonés.
-En el libreto, se percibe el sufismo por todas partes…
-El sufismo es un almíbar para el alma. Ese almíbar, más allá de los turbantes y las músicas de trance, más allá de los costumbrismos y los avalorios, es un almíbar casi completamente desconocido en nuestro país, a pesar de que fue cuna de uno de los más grandes maestros que ha dado el misticismo islámico, el gran Ibn Al Arabi de Murcia. A mí siempre me gusta romper moldes. En Occidente, y ahora sí hablo de un lugar geográfico, se conocen algunas músicas tradicionales sufis de Marruecos, India, Paquistaní, África… Pero su esencia espiritual se conoce muy poco. Mi propósito ha sido transmitir esa esencia pero no en el formato musical tradicional, sino escondido en músicas que, aunque contienen perfumes orientales, no son en realidad de ningún lugar en concreto. Es sufismo no poseer nada y no ser poseído por nada. Por tanto, no hay una música exacta y/o concreta para transmitir el mensaje de amor, paciencia, compasión y misericordia del sufismo. Es un mensaje que puede ser transmitido con cualquier música, aunque, eso sí, hace falta estudio, temple y serenidad. Para disfrutar del disco al completo, hay que seguir el libreto, porque las introducciones a cada pieza y las traducciones del árabe y del japonés te acaban de situar.
-Es un disco con arreglos muy cuidados…
-Tengo la fortuna de dirigir un grupo en el que tocan grandes músicos, como la violinista Lea Shalom, el pianista Josep Ramon Roy “Mon”… Iván Lorenzana también es un maestro al chelo y Jovic Sagristà es una máquina de ritmo y aporta una visión global. Desde que fundamos el grupo, llevamos cuatro años tocando sin parar por fiestas, clubes, festivales, auditorios y celebraciones privadas por todo el estado español y esa conjunción se nota muy mucho en el disco. Nos conocemos muy bien. He intentado sacar en la grabación lo mejor de cada uno de ellos. Y, buen, Wafir S. Gibril ha puesto la guinda.
-¿Por qué las versiones elegidas?
-Tenía ganas, hace tiempo, de “devolver” “Recuerdos de la Alambra” a la inspiración de la que partió: la arquitectura uterina islámica. La interpretación que hacemos, con el liderazgo del excelentísimo violín de Lea Shalom, es a la vez vieja y contemporánea. Y la letra que le hemos ubicado en la traducción, en árabe, ahonda en el concepto espiritual sufi. Por otro lado, en cuanto a “El cant dels ocells… agraïts”, un poco lo mismo. Partimos de una recuperación de los or´ñigenes moriscos y sefardíes de la pieza, para volar hacia el futuro. Yo, todo el disco, lo veo así… entre lo medieval y la música más contemporánea. También hay un homenaje a la gran artista libanesa, cristiana maronita, Fairuz. Es una de las piezas más redondas a tenor del gran éxito que siempre tiene en nuestros conciertos.
-Los conciertos y el disco van ser diferentes, suponemos…
-Sí. El disco es un álbum de autor, muy centrado en mis pensamientos sufis, en el intento de aunar lo medieval y la música más actual. Es un trabajo muy centrado en mi forma de componer, en mi forma de arreglar las piezas… He huido bastante de los conceptos musicológicos tradicionales y he introducido muchos ritmos de 4 x 4 muy contemporáneos. Sin embargo, los conciertos son, por decirlo de alguna forma, “más populares”. Introducimos versiones más cercanas a un público no tan especializado y, en general, la intención es menos experimental. En el disco, hay una pieza firma al alimón por Jovic Sagristà y yo, “Amadeus en Estambul”, un juego entre Oriente y Occidente, que no paran de cruzarse continuamente, con el soniquete mozartiano muy presente.
-Un disco tan místico es posible que no agrade a ciertos sectores del rock…
-El rock es un cadáver completamente estéril. Que no guste a ciertos sectores del rock no significa absolutamente nada. Es como si me dijeras que un disco de Morente no va a gustar al público de las peñas flamencas. ¿Y qué? Buena parte del público del rock es un público acomplejado que siempre prefiere lo que viene de fuera o lo que viene de aquí siempre que sea muy minoritario. Pero es que nosotros ya estamos un poco al margen de todas esas tonterías. Yo busco, nosotros buscamos, con la música, y fuera de ella, el éxtasis, la belleza, el misterio… Que haya colectivos de personas que se las traiga al pairo todo eso para mí no significa que tenga que complacerles. Pero, curiosamente, muchas de esas personas, cuando nos ven tocar en vivo o escuchan a fondo nuestros discos, cambian totalmente de percepción. Los prejuicios son esterilizantes.
-Música para reforestar…
-Exactamente. A parte de todo lo dicho, se ha llegado a un acuerdo con la Fundación + Árboles liderada por Óscar Rando para que el 5% de los ingresos que produzca el disco vaya directamente a reforestar zonas degradadas del Levante español.
BARCELONA INTIMÍSSIMO CAFÉ
-¿Cómo surgió el nuevo proyecto tras la desaparición de Claustrofobia?
-"Barcelona Intimíssimo Café" surgió un poco por casualidad. Me llamó Ramon Súrio para resucitar Claustrofobia en un ciclo que se estaba haciendo en el auditorio de La Pedrera de Gaudí, en Barcelona. Aquello era materialmente imposible, pero al programador le ofrecí una contraoferta: montar un trío muy intimista para la ocasión con canciones antiguas y canciones inéditas. Y desde entonces, hace cuatro años, no hemos parado. El trío que formamos Pedro Burruezo, Jovic Sagristà y Lea Shalom, más las colaboraciones de Josep Ramon Roy (piano) e Iván Lorenzana (chelo), funde lo popular con lo clásico. No reivindicamos el café cantante de hace unas décadas, sino un café cantante que no existe sino en nuestros corazones, donde hay lugar para lo profano y para lo sagrado. Con una banda sonora, eso sí, que busca la armonía, la melodía hermosa, el ritmo lánguido...
-Digamos que hoy has dejado a un lado las provocaciones, pero provocas de otra manera...
-Claustrofobia era un grupo muy provocador. Venían a vernos muchos afterpunks y a nosotros nos gustaba epatarles saliendo a tocar con piano de cola y vestidos de blanco a lo caribeño. Hoy, mucha gente reconoce que fuimos muy pioneros en todo el tema del mestizaje, de mezclar máquinas y sonidos acústicos, músicas de diferentes culturas... Sin embargo, hoy... que inventen otros. Lo único que nos interesa es hacer música que sea capaz de emocionar a los demás y de emocionarnos a nosotros mismos. No tenemos ninguna necesidad ni de ser mestizos, ni modernos, ni provocadores ni nada parecido. Hoy, lo más rebelde, en realidad, es no querer ser nada. Simplemente, tener tu lenguaje propio y funcionar al margen de las patéticas consignas de la industria del ocio de masas.
-Escapáis a todos los tópicos de la música pop y sus afines...
-Nos hemos desvinculado completamente, creo, al fin, de lo que es el universo de la música pop. Es un mundo traicionero y engañoso donde priman los hechos y las actitudes extramusicales. No nos interesa eso, desde luego. En el mundo del pop, las más de las veces, lo que menos cuenta es el arte. En realidad, Burruezo & Bohemia Camerata es una entidad capaz de hacer muchas más cosas que las que hacen habitualmente los grupos de pop, rock y afines. Por ejemplo, hemos puesto la banda sonora en directo de parte de la obra "Don Quixot", de la Cia Ballet Clàssic Sta Coloma / David Campos. Creo que es la primera vez que un grupo de música popular pone la banda sonora en directo a un ballet clásico. Ha sido una experiencia insólita y muy bella. Pronto, tal vez, veamos cumplido el sueño de crear un café cantante itinerante con nosotros, bailarinas, faquires y recitadores de cuentos sufíes...
-¿Por qué esa obsesión con el café cantante?
-El café cantante es algo que pertenece a la cultura de todos, o casi de todos los países del arco mediterráneo. En Barcelona, concretamente, tenía un sabor muy particular, muy original. Pero las administraciones, el público y los medios lo han dejado morir, de la misma manera que se van perdiendo especies autóctonas, formas gastronómicas locales o costumbres tradicionales... Era una forma de hacer llegar la música en directo en la mejor de las condiciones. Hoy, en todas nuestras ciudades, hay clubes de jazz, salas de rock... contra las que no tenemos nada. Al contrario, nos felicitamos de que así sea. Pero es muy triste que se hayan perdido los cafés cantantes. Es una pérdida cultural muy grave. Es como si se perdiera la paella, por ejemplo. Es que nos gustan las causas perdidas, ja ja. Barcelona hoy es como un parque temático, pero está perdiendo sus raíces. Y sin raíces, no se es nada.
-Hacéis una música atemporal...
-Más o menos. Pero yo no lo diría así. Lo que yo diría es que Burruezo & Bohemia Camerata hace música contemporánea. Más o menos inspirada en la idea del café cantante, pero contemporánea al fin y al cabo. Ahora bien, el público y los medios suelen confundir modernidad con contemporaneidad. Cuando no tienen nada que ver. Robert Wyatt hace música contemporánea, pero no es moderno. Arvo Pärt tampoco es moderno, pero hace música más avanzada que la infinita mayoría de grupos modernos. Nosotros, a nuestra manera, hacemos música de hoy, pero completamente alejada de las modas de hoy, en la que prevalece la idea de vincular la tecnología a la modernidad, cosa que me parece verazmente patética. ¿O es que alguien que utilice un ordenador es más contemporáneo, por el simple hecho de utilizar una máquina, que alguien que toca el chelo, el piano o una guitarra flamenca? Por favor... Yo, en su momento, también caí en la trampa de asociar cajas de ritmo a modernidad. Entonces, nadie lo hacía. Sí era más avanzado. Ahora, cuando todo el mundo lo hace, impera la mediocridad. Hay que tirar por otros lados. La contemporaneidad no depende del formato, sino de la intención...
-¿Por qué hay tanta confusión con lo que es contemporáneo y con lo que no lo es?
-Ni lo sé ni me importa. Pero sí, confusión hay, y mucha. Los programadores y una parte de la prensa, muy esnob, creen que lo contemporáneo y lo mejor vienen siempre de fuera. Curiosamente, cuando nosotros vamos a tocar al extranjero, siempre la liamos. Y cuando nos escuchan muchos de los artistas que esa prensa y esos programadores veneran... pues les encanta. O sea, que el mundo está loco. Eso pasa en Catalunya y, en general, en España, porque la península Ibérica es una tierra de acomplejados. Lo peor de todo es que, en determinados círculos pseudoartísticos, se tienen más en cuenta ciertas actitudes, formas de vestir y maneras de coger una guitarra... que la manera en que suena la guitarra o canta el cantante. Es demencial, propio sólo de una sociedad que ha caído en una gran decadencia creativa. Como respuesta al esnobismo de ciertos periodistas y programadores, en todo el planeta surge el integrismo autóctono, que es otra tontería y otra muestra de cabezonería.
-¿Y qué hace un ecologista en un grupo como la Bohemia Camerata?
-¿Y por qué no? Lo triste es que el mundo de la ecología vaya por su lado y el mundo de la cultura, por el suyo. La ecología, en realidad, es una forma de vivir que lo incluye todo. Y la Bohemia Camerata es algo muy de aquí, muy nuestro. Y eso es diversidad cultural. Y sin el concepto diversidad no se puede entender la ecología, que, en sus orígenes más ancestrales, entendía el mundo como algo sagrado. Uno de los grandes desastres de nuestra sociedad es la uniformización cultural o, dicho de otro modo, la sumisión cultural al imperio anglosajón. Ello esconde la intención de crear un mercado global donde todo el planeta humano tenga las mismas necesidades. Realmente, es aberrante. Uno tiene, o puede tener, diferentes formas de expresarse para rebelarse contra lo que hoy acontece en nuestro mundo. Se puede hacer una revista ecologista, se puede montar un grupo... Hay que abrir las orejas.
-¿Y la Bohemia Camerata en directo?
-Tenemos varios formatos. En trío, Burruezo, Sagristà y Lea Shalom. En quinteto, con el pianista Josep Ramon Roy “Mon” más el chelista Iván Lorenzana. También vamos, a veces, con bailarina, zíngara o clásica, Sonia Motos o Petra Padrianova, ambas exquisitas. Depende de dónde actuamos, vamos en un formato o en otro. Pero, vamos, más o menos, la cosa es la misma: canciones intensas para un público que pueda estar sentado degustando tranquilamente nuestra música. No vamos a “dar caña”. No nos interesa el público de fiesta mayor, la litrona y la borrachera. A ver si de una vez este país da un salto y la música puede empezar a escucharse en las condiciones óptimas, y no en fiestas donde nadie se entera absolutamente de nada. Es importante la creación de circuitos para músicas que no son masivas pero tampoco del todo minoritarias. En recintos pequeños, auditorios, teatritos, cafés cantantes, clubes de jazz, centros culturales... es donde se paladea mejor la cosa. Si te invita alguien a cenar, ¿qué prefieres, que te invite a un restaurante pequeño, donde hacen los platos con decoro, o prefieres que te lleven a un McDonald’s, ja ja?
-Digamos que, en sus conciertos, hay un éxtasis difícilmente definible...
-Tenemos una forma de hacer música en la que prevalece, como decía, la emoción. Sin eso, no vale la pena hacer casi nada. Particularmente, siempre he pensado que la música puede representar una forma de revelación. Es decir, la música puede sugerir otras realidades, otros estados de conciencia. Opino que en los animales, en las plantas, en los planetas, hay un alma misteriosa, incógnita. Ningún informe puede certificarlo pero, en mi opinión, está ahí. Hoy, la ciencia no ha superado sus propios límites, pero tarde o temprano empezará a reconocer otras formas de conciencia distintas a la humana. Las mentes cartesianas no pueden acceder a esto si no es a través de la música y situaciones afines. La música tiene un poder simbólico y sanador completamente desconocido y maravilloso. Ojalá nosotros fuéramos capaces algún día de transmitir esas sensaciones tal y como nosotros las hemos sentido al escuchar a ciertos artistas.
-En las canciones de la Bohemia Camerata hay una nostalgia, una melancolía, un dolor... difíciles de definir.
-Nos limitamos a describir una realidad al filo del abismo... Vivimos en la burbuja de la clase media occidental, pero hay en el mundo un dolor, sin precedentes en la historia de la Humanidad, que anuncia cambios profundos en los años que están por venir. Han saltado las guías y ya no vale lo anterior. Sólo queda el camino interior, el que, trazando una senda de espiritualidad, conduce al alma. Hoy, Occidente vive los problemas de la opulencia: las enfermedades de la civilización, la depresión, la desestructuración familiar... Y en los países del Sur se viven los problemas de las carencias: enfermedades víricas, hambrunas, miseria... Demasiado dolor como para vivir ajenos a él. Estamos expoliando el mundo y el hombre se cree con derecho a erigirse en un nuevo dios. Ahora bien, nosotros no retozamos en esa podredumbre. Sino que nuestras letras y nuestras músicas recuerdan que hay otros caminos, la belleza, la sencillez, la austeridad... La belleza, incluso la que está inspirada en la desesperación, puede transmitir alegría y esperanza. Y esa es una gran revolución silenciosa. La batalla que podemos ganar en nuestro día a día.
-Se diría que “Barcelona Intimísimo Café” es un disco hermoso, que busca el arte en estado puro...
-Buscamos hacer música hermosa, sí, emocionante. Capaz de hacer explotar los corazones de los que la escuchan. ¿Qué es el arte? Es lo que convierte en visible lo invisible. Para mí, el arte es un lamento por seguiriyas y una pataíta de Fernando “Terremoto”, una letanía de Nusrah Fateh Alí Khan y/o la voz melodiosa y frágil de Robert Wyatt entonando una nana dedicada a las víctimas de los bombardeos de los ejércitos aliados sobre Bagdad. Entre otras muchas cosas, claro. El arte es, digámoslo así, un estado de gracia. Mi amigo Joaquín Albaicín habla de “duende” en el flamenco para describir ese estado y lo relaciona con el concepto rasa del hinduismo y de las músicas sagradas de esa tradición espiritual. El artista, en estado de gracia, está en perfecta sincronía con el cosmos, con el orden de todas las cosas, y sus interpretaciones le trasladan a él mismo y a su audiencia a otros estados de conciencia. Sería como volver al estado original del que algún día caímos. Ojalá nosotros llegáramos algún día a todo eso...
-¿Cuándo un nuevo disco?
-Saldrá en octubre, también con K Industria Cultural, que está apostando mucho por nosotros en estos tiempos de crisis. El disco se titulará "Multaqa Antigua Contemporània. “Multaqa” significa encuentro en árabe clásico. Saldrá bajo el emblema Burruezo & Bohemia Camerata + Wafir S. Gibril. Es un cruce entre Oriente y Occidente con canciones mías basadas en la sabiduría de los grandes maestros sufis como Ibn Arabi de Murcia, Al Gazhali, Rûmî, Kabir... Se trata de un disco muy musical, con pasajes musicales muy intensos y muy bellos, gracias a la pericia instrumental de Lea Shalom, Josep Ramon Roy "Mon", Iván Lorenzana, Wafir S. Giril, Jovic Sagristà... El disco incluye algunas versiones y también una pieza a medias entre Sagristà y yo mismo. En el disco hay diversas inspiraciones. la música medieval, la música árabe, la música sefardí, el flamenco, la música clásicas, las percusiones electrónicas, Oriente... A los que les gusta la música, a los más melómanos, les va a encantar. A los más acérrimos "burruezianos", también les gustará. Verán en este disco a un autor que ya no necesita demostrar nada... Es un disco intensísimo, sin concesiones, un disco muy poético y muy lírico. Saldrá para otoño de 2008. Con K Industria, insisto. Un parte de su recaudación se destinará a la reforestación con el auspicio de la Fundación Más Árboles.
-El violín es un elemento protagonista dentro del sonido de la Bohemia Camerata...
-(Responde Lea Shalom). Sí. Estoy muy contenta de formar parte de este grupo. Siempre me he preocupado de no ser una violinista clásica al uso. Me interesa la versatilidad. Y con la Camerata interpreto músicas que nunca había tocado antes, como las habaneras, la rumba o los boleros. Ese es mi camino. Salir de los corsés de la música clásica y tomar el aire fresco y apasionado de las músicas populares. Por decirlo de alguna forma, unir lo mejor de la disciplina clásica con lo mejor de la música popular, su capacidad para la improvisación y su frescura y variedad.
-¿Cuál es el papel que desempeñas dentro del grupo?
-(Responde Jovic Sagristà) Podemos distinguir entre el trabajo que he desempeñado en la grabación de los discos y mi labor en los espectáculos en directo. En las grabaciones me encargo de ayudar a Pedro en la producción artística, es decir, en los criterios estéticos que han de regir las canciones, y también en "apretar" a cada artista para que en el momento de la ejecución nos deje una muestra grabada de su mejor calidad y "saber hacer". Además, como multiinstrumentista, puedo colaborar en las grabaciones ya sea haciendo coros, tocando la guitarra, el bajo o los teclados. En las actuaciones mi función es básicamente la de guitarra rítmica, que supone una gran responsabilidad, ya que sobre mí descansan muchas veces las distintas dinámicas de las canciones y también apoyo a la voz principal en los diferentes coros. De todos modos, quisiera destacar que Pedro y yo llevamos tocando juntos desde hace 25 años, y esto hace que el nivel de compenetración entre nosotros sea excelente, hecho que le da una gran cohesión a las canciones, y si a esto le unimos la gran calidad interpretativa de Lea Shalom al violín más el resto de colaboradores, el resultado es B&BC, una máquina casi perfecta, que funciona como un reloj suizo.

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