PERMACULTURA

SERGI CABALLERO. MAS LES VINYES.
Permacultura en las escuelas

Fecha de publicación: 1-04-2017

Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica

Es uno de los fundadores de Mas Les Vinyes, un proyecto de resiliencia y autosuficiencia en el que viven tres familias. Es ingeniero multimedia, permacultor y agricultor biodinámico. Imparte clases de agricultura para niños/niñas de primaria y de permacultura y huerto urbano para adultos.

-¿Cómo empezaste en el sector de la permacultura?
-Debido a mi formación académica, tenía una empresa de tecnología en Barcelona en la que trabajábamos 14 personas. Cuando mi mujer se quedó embarazada, entré en crisis y tuve la necesidad de trabajar por un mundo que era el que quería para mis hijos. Decidí dejarlo y empezamos a formarnos para ganar habilidades manuales que nos ayudaran con nuestras necesidades básicas. Así es como descubrí la permacultura: la manera de cubrir necesidades humanas que puede perdurar en el tiempo.

ESCUELAS
-¿Cuándo se te ocurrió hacer permacul-tura en escuelas?

-Me propusieron impartir clases de huerto urbano y quise abordar la formación desde otra perspectiva más holística debido a la predisposición de los niños en ciertas etapas por la veneración y la observación. Ellos serán los que vivirán más en este planeta y deben conocer el marco básico de los patrones de la naturaleza, las reglas básicas y universales, no solo cómo plantar hortalizas. La producción de comida es la consecuencia de ciertos procesos naturales, no es la causa. Hay que aprender a cultivar el suelo, luego los alimentos llegan solos. ¡Es pura física y química!

-¿Qué diferencias hay en enseñar a niños o adultos?
-A los adultos nos cuesta mucho admirar y observar, pararnos y maravillarnos por las pequeñas cosas, estamos acostumbrados a demasiada información e impulsos, queremos aprender rápido porque tenemos objetivos muy concretos. Prestamos atención cuando algo es único (la luna más grande, el cometa que solo pasa cada 40 años)... Los niños fluyen, para ellos todo es fascinante, vienen a las clases sin ideas preconcebidas y la diferencia es abismal.

LA TIERRA
-¿Qué experimentan los niños con el contacto con la tierra?

-Lo primero es observar; en la naturaleza está la respuesta de todo lo que debemos aprender. Y en el primer año agudizamos sentidos. Trabajamos siempre sin guantes para sentir las distintas texturas y mejorar la motricidad fina. Olemos, tocamos y probamos muchísimas plantas. Vemos su germinación y la vamos dibujando en sus distintas etapas hasta que muere. Ponemos muchísima atención en los insectos y animales que nos rodean e intentamos aprender cuál es su función. Los niños aprenden a ir más despacio, a detenerse y hablar en voz baja. Y a compartir sus observaciones.

-¿Son agradecidos los niños?
-Pasan mucho tiempo en el aula, por lo que salir fuera ya es una gran diferencia: los ritmos son distintos y no hay tantas prisas. Pero lo mejor es que la mayoría no han tenido tiempo para aprender a observar y comprender las reglas más básicas de la naturaleza y empezar a entenderlas, y eso les encanta. ¡Sus deducciones son increíbles!

LAS EDADES
-¿Con qué edades trabajas?

-Habitualmente, desde los 6 hasta los 11 y 12 años. Empiezan con dificultades para sostener semillas sin que se les caigan y ¡acaban injertando sus propios frutales!

-¿Tienes algún proyecto en mente?
-Estamos intentando abrir una granja escuela para ofrecer estos cono-cimientos donde se pueda ver el papel de los distintos elementos: árboles, ganado, abejas, aves, hortalizas, los ciclos del agua, etc. Nos gustaría potenciar el trabajo de los pequeños con las familias y que pudieran hacer estancias en vacaciones y llegar también a los adultos.

-¿En qué lugares sueles hacer este tipo de enseñanza?
-Normalmente, en escuelas con una apuesta por una educación más abierta y activa.Actualmente en escuelas de educación libre y escuelas rurales, que son quienes tienen más margen.

-¿Son conscientes los niños de lo que es la permacultura?
-Cuando tienen 10 o 11 años sí que introducimos el concepto permacultura. Pero hasta entonces no tiene sentido. Lo que experimentan y conocen es tan básico y lógico, que no plantean otras maneras de hacer las cosas. A veces las familias me hablan de conversaciones en casa y cómo ellas mismas redescubren el huerto mediante el niño. Trabajar a favor de los procesos naturales, no en su contra.

EN ESPAÑA
-¿Cómo ves la permacultura en España?

-Siento que ahora mismo está en auge, pero estamos en un momento peligroso. Las iniciativas deben consolidarse y debemos tener producciones y proyectos tangibles como ya las hay en la mayoría de países del mundo, incluso llevadas a cabo por grandes multinacionales. Aquí, la permacultura está cogiendo un tono “alternativo” y de baja producción, cuando es lo contrario. La permacultura es altamente productiva y debe cubrir nuestras necesidades.

-¿En qué medida va a ser demandada en los próximos años en los centros docentes, universidades, etc.?
-A medida que la demanda está aumentando, lo hacen los centros de formación en el territorio. Su creador, Bill Mollison, dejó un marco muy claro para propagar la permacultura y cómo debía hacerse, y, gracias a sus indicaciones, el sistema va a evolucionar. Por otro lado, en algunos países ya empieza a tener un currículo oficial y a formar parte de las ofertas del Estado. Ahora mismo ya hay másters y otros ciclos formativos que incluyen la permacultura y que ya vienen regularmente para hacer prácticas y ver ejemplos productivos.

Sara B. Peña

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PERMACULTURA PARA TODOS
EMPODERÁNDOTE

-¿Por qué deberíamos tener en cuenta la permacultura para vivir?
-Porque la permacultura te hace la vida más simple y bella, te ayuda a captar energía en todos los ámbitos. Aprendes cosas fascinantes y observas, te sientes bien con tu día a día y detectas aquellas cosas que te cansan y que no te benefician. Comprendes los procesos naturales y te beneficias de ellos. La permacultura es divertida e ingeniosa, te empodera y te hace feliz.