Editorial

 

Fecha de publicación: 1-01-2012

Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica

Autor: EcoActivistas

¿QUIÉN QUIERE CONTROLAR LA VIDA?

 

La Grupos poderosos en la sombra, empresas y estados a su servicio, quieren dominar el flujo vital de Gaia y de todo el universo. Ya sea el mundo de la agricultura/semillas, el de la maternidad humana, el de la producción ganadera… La ciencia y la tecnología buscan incansablemente fórmulas para adueñarse del germen y del secreto de la vida. Y el nuevo orden mundial, que coloniza nuestras mentes, promete vida artificial para dentro de muy poco. Y, con más arrogancia todavía, quiere encontrar vida en otros planetas, mientras millones de seres en el nuestro se mueren diariamente de inanición y por problemas que podrían ser erradicados de una forma sencilla.
El nuevo orden global… ¿esconde un plan eugenésico planetario infertilizando a grandes masas de población, sobre todo a los más pobres, con la utilización premeditada de productos químicos a través de la dieta convencional? El nuevo orden global… ¿ha diseñado una estrategia mediática para que hombres y mujeres en edad fértil elijan voluntariamente la esterilidad? ¿Son los transgénicos la punta de lanza de tecnologías para que la agricultura mundial esté en manos de cuatro o cinco empresas a lo sumo? ¿Son las tecnologías “terminator” la vanguardia de nuevas formas de eugenesia a una escala colosal? ¿Qué esconde el proselitismo incansable proabortista de grupos de derechas, izquierdas, de centro, nacionalistas de uno y otro lado, proamericanos, procomunistas, etc., si no una complicidad de usurpación de la fertilidad a manos de grupos de muy sibilinos intereses conspiratorios en una escala jamás conocida hasta hoy?
¿Qué tiene que decir el feminismo convencional al respecto, si, hasta ahora, sólo ha seguido fielmente las pautas marcadas por el tecnopatriarcado disfrazado de feminista? ¿Y qué tiene que decir el ecofeminismo? El ecofeminismo no tiene nada que ver con el feminismo convencional. El ecofeminismo sí propone respuestas a la usurpación y control de la vida a manos de grupos muy pequeños, como el Club Bildelberg, pero con tentáculos por todas partes, cuyos fines verdaderos no pueden ser confesados en público, pues escandalizarían incluso a los más “fachas”. El ecofeminismo, al que más le valdría cambiar de nombre, es una vuelta al orden natural. Una vuelta a una femineidad salvaje, irredenta, ancestral, amable, terrestre, amorosa, sutil…
El problema radica en que, en un mundo de confusión como el nuestro, algunos confunden el ecofeminismo más legítimo con ideologías trasnochadas. Hay que aprender a discernir. Cada uno de nosotros deberíamos aprender a quitarnos nuestros propios velos. Para que el latido de la Naturaleza vuelva a golpear en lo más íntimo de nuestro ser, quizás deberemos todos empezar pronto a desaprender lo aprendido, que no es nada neutral, y que nos ha sido inoculado con fines muy específicos.
En los últimos números, algunos nos han acusado de seguir un camino demasiado espiritual. Las críticas proceden de un ecologismo político ligado a la izquierda convencional. Nosotros no hacemos la revista para agradar a estos, a aquellos. Nosotros vamos a seguir diciendo las cosas como son, le duela a quien le duela. Intentaremos hacerlo, eso sí, de forma que las conciencias se sientan no irritadas, sino acariciadas. Pero hay temas que son duros en sí mismos y no vamos a caer en los sentimentalismos. Quien no quiera seguir leyéndonos, pues el mercado está lleno de revistas. Y el que quiera seguir con nosotros debe saber que estamos aquí para poner en tela de juicio todo, incluso lo que parecía más asentado entre los que no tienen asiento. Estamos para defender los derechos de los más indefensos, incluso de los fetos que aún no han nacido..