portada  |  suscripciones  archivos |  links  |  librería

 

THE ECOLOGIST
5
0 números

Pedro Burruezo, fundador de EcoActivistas, grupo que dirige la publicación, resume lo que han sido todos estos años y habla de la verdadera razón de ser de la revista: la ecología profunda

SUSCRIPTORES

USUARIO:

CONTRASEÑA:

recordar contraseña

CONTACTO

The Ecologist

Publicidad

Favoritos

VENDE THE ECOLOGIST Y NUESTROS LIBROS Y CD' S EN TU ESTABLECIMIENTO

Números Atrasados

¡Consigue los números atrasados de The Ecologist que aún no se han agotado!

InfoBioCultura

Descárgate las últimas ediciones de InfoBiocultura

última edición:
Julio-Agosto-Septiembre 2017

CAMPAÑAS

Campaña TheEcologist contra los Transgénicos

DISCOS RECOMENDADOS

Nanas contemporáneas

Misticísssimus

Barcelona Intimissimo Cafe

PUBLICIDAD

 

La familia

LA FAMILIA ES UN CAMINO ESPIRITUAL DE PRIMER ORDEN


En otros tiempos, la familia era considerada en diferentes tradiciones espirituales, al igual que algunas posesiones o placeres, como algo mundano, apartado de la vía espiritual más mística. Por eso, los hombres de santidad optaban siempre por vías ascéticas de soledad, silencio y aislamiento. Pero los tiempos han cambiado y hoy, a todas luces, la familia se ha convertido en un camino espiritual de primer rango.

 

Fecha de publicación: 1-10-2010

Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica

Y si alguien egoístamente considera algo como lo más importante para él, diferenciándolo del todo, prefiriéndolo como algo aparte de la Unidad y la multiplicidad, este hombre vive en la oscuridad, engañado por la ilusión y la ignorancia…
Bhagavad Gita

¿A la puerta de qué hogar se puede colgar el letrero: “Aquí no hay problemas”?
Refrán chino

Cuando se abandonó el Gran Tao, apareció la benevolencia y la justicia…
Cuando surgió la inteligencia y la astucia, aparecieron los grandes hipócritas.
Cuando los seis parentescos perdieron su armonía, aparecieron la piedad filial y el amor paterno.
Tao te King

Toda casa dividida contra sí misma se derrumbará…
Evangelio

Relató Abu Hurairah (s.a.s.) que un hombre le dijo al Profeta Muhámmad (s.a.s.): “Aconséjame”. Dijo: “No te enfurezcas”. El hombre insistió varias veces. Dijo: “No te enfurezcas”.
Hadiz transmitido por al-Bujari

La película es interesantísima, no sólo por lo que dice, sino también por lo que calla. Se titula Samsara y es una creación de Pan Nalin. En ella, un monje budista, después de años y años de retiro y ayuno, vuelve a la vida seglar tras haber tenido varias poluciones nocturnas. Se casa y, con el tiempo, además de su esposa, hasta tiene una amante: los deleites mundanos le aprisionan cada vez más. En un momento dado, cree que ése no es un buen camino y, de forma radical, lo abandona todo para volver a la vida monacal y de ermitaño, alejado de los placeres y tentaciones mundanales, pero también de su familia. En una muy conseguida y dramática última escena, su mujer y madre de su hijo le cuestiona qué tipo de espiritualidad busca él ajena a las cosas de este mundo, ajena a ella y a su pequeño… Que nadie entienda que quiero decir que la vida contemplativa no cumple su función dentro del universo, ni mucho menos. Y tampoco quiero significar que, en tiempos pretéritos y en el marco de las diferentes tradiciones, la familia no fuera considerada, también, como una forma de iniciación, como un marco de desarrollo físico, emocional y espiritual. Más bien, lo que quiero decir es que, tal y como están las cosas, con todas las señales menores del cambio de ciclo campando a sus anchas por todas partes, por todo el planeta, en la actualidad el mantener la familia unida se ha convertido en una vía espiritual de primer orden, pues la cantidad de pruebas a que somos sometidos en el marco familiar es de una extraordinaria intensidad. No en vano, en términos islámicos, por citar una de las diferentes palabras reveladas, se dice que, para alcanzar la plenitud espiritual, la persona (sea hombre o mujer) debe formar su propia familia pues así tiene, al menos, la mitad de su compromiso espiritual cumplido. Si esa persona vive satisfaciendo los derechos de sus familiares más íntimos y lejanos, de sus vecinos, de los viajeros y de los necesitados, de la comunidad, siempre en la medida de sus posibilidades, no queda ninguna duda de que su realización espiritual alcanzará cotas de envergadura. Si, en otros momentos de la Historia, para alcanzar las cumbres nevadas del espíritu, eran necesarias pruebas de carácter ascético, hoy, por el contrario, es en el entorno familiar y más cercano donde las pruebas se precipitan con más fuerza. No sabría decir qué marco es el más difícil…

FUERZAS DESINTEGRADORAS
El ecologismo light y adscrito a los mismos paradigmas que el mundo moderno, un presunto ecologismo cada vez más caduco y vendido a los intereses del mercado y de la sociedad tecnocientífica, ha entendido poco de las fuerzas que están destruyendo el mundo. Para ellos, el enemigo siempre está fuera: la OMC, el Banco Mundial, los transgénicos, la polución química, las centrales nucleares… Es evidente que tienen mucha razón, en parte, argumentos que compartimos plenamente, cuando critican la manera en que la sociedad moderna concentra las fuerzas del mal en tsunamis destructores del medio natural. Pero, de la misma manera, son pocos los que no disciernen de qué forma esas mismas fuerzas también atomizan la sociedad humana, destruyen las familias, quiebran los tejidos sociales tradicionales, acaban con culturas milenarias, cercenan formas de vida ajenas a la globalización, niegan cualquier atisbo de espiritualidad en el ser humano, apuestan por sociedades en las antípodas de la noción de lo sagrado...  con nuestra propia complicidad. Todo forma parte del mismo kid destructor y alienante. Por lo menos, para el que ha profundizado en todo ello. Para una buena parte del ecologismo político es completamente compatible luchar por un mundo más verde y más justo sin, al mismo tiempo, reivindicar el retorno al origen: familias unidas y amplias, sociedades tejidas en base a redes de solidaridad y principios espirituales, formas de producción autárquicas… ¿Es posible un mundo ecológico y verdaderamente sostenible en un planeta sin familias, sin espiritualidad y sin formas de vida apegadas a la sabiduría perenne y al compromiso espiritual con la tierra?

FAMILIAS MUTUALISTAS
La familia es ecológica, para empezar, porque, desde el principio de los tiempos, el ser humano ha nacido, crecido, ha sido educado y se ha desarrollado en el marco de un entorno familiar. La familia es la unidad ecológica y económica en la especie humana, se quiera ver o no. Familias hay de muchos tipos: monógamas, polígamas, poliándricas, muy extensas, menos extensas… Nunca, en toda la historia de la Humanidad, la familia había sido algo reducido a entes tan pequeños, inestables y unidos (exclusivamente) por cuestiones sentimentaloides.
Las estadísticas sociales y una simple mirada al mundo moderno nos muestran que, tras la desestructuración social, las tasas de criminalidad, problemas mentales y adolescencias problemáticas se disparan. Los datos antropológicos nos muestran cómo ha sido la vida en aquellas sociedades que se han mantenido fieles a su origen primigenio, basado en principios espirituales. En ellas, problemas como la criminalidad, el incesto, el maltrato o los abusos sexuales son prácticamente inexistentes, aparte de que en esas sociedades sí que se da una relación armónica con los hábitats. Para Roy Rapaport, por ejemplo, “los rituales que realizan los tsembaga y otros maring favorecen el mantenimiento de un entorno no degradado, limitan las peleas a frecuencias que no hacen peligrar la existencia de las poblaciones vernáculas, ajustan la proporción entre la población y el territorio, facilitan el comercio, generan la distribución de los excedentes locales de cerdo entre la población regional en forma de carne de cerdo y aseguran a la gente una excelente proteína cuando más la necesita”. El gran antropólogo Placide Tempels escribió: “Los bantús no pueden concebir al ser humano como un individuo, es decir, como una fuerza que existe por sí misma, aislada, sin relacionarse con otros seres vivos y con las fuerzas animadas e inanimadas que le rodean”. Procedemos de un lugar de magia, de luz, de un pretérito edénico, en el que todos los miembros de la familia (fuera cual fuera su fórmula) eran conscientes de su pertenencia a ella y a un clan/comunidad y a un lugar en el universo. Y las relaciones mutualistas entre los miembros del clan familiar y de la tribu eran tan fundamentales que eran absolutamente necesarias para garantizar la supervivencia de ese colectivo. En ese sentido, es evidente que en la especie humana hemos sufrido, en los últimos miles de años, un claro proceso de involución. En la Naturaleza son las relaciones mutualistas, y no las de competencia, las prioritarias. Un compromiso de corazón con Gaia y la Creación nos tiene que conducir a volver a un sistema familiar mutualista. Y eso, en tiempos tan egoístas, es una prueba espiritual de gran rango.

¿QUÉ PASA SI NO HAY FAMILIA?
En la jerarquía gaiana, cada especie tiene unas características concretas. Y la especie humana tiene las suyas también, que no pueden ser sustituidas por otras. El marco ideal de la educación y desarrollo del niño y niña es la familia, donde es atendido (debería) con cariño, cuidado, donde se le es garantizado un futuro. Cuando la familia entra en el proceso de las relaciones competitivas, neodarwinianas, se desestructura y desaparece, y las consecuencias son terribles. Tal es el caso, por ejemplo, de los diversos casos de niños que crecieron de forma solitaria y salvaje y que, tras ser descubiertos, nunca llegaron a transformarse en seres sociales y murieron prematuramente por causa de su inadaptación a la sociedad humana. Describamos un solo ejemplo: tal es el caso del “Salvaje del Aveyron”. A finales de septiembre de 1799, tres cazadores encontraron en los bosques de Caune (en el Languedoc francés) a un niño desnudo, al que lograron capturar y al que dejaron al cuidado de una viuda, encerrado en una
cabaña cercana. En la Francia posrevolucionaria se convirtió en un asunto público. Un doctor que le estudió escribió en 1806: “Es un niño desagradablemente sucio, afectado por movimientos espasmódicos e incluso convulsiones; que se balancea incesantemente como los animales del zoo; que muerde y araña a quienes se le acercan; que no muestra ningún afecto a quienes le cuidan y que, en suma, se muestra indiferente a todo y no presta atención a nada”. Sin familia y sin comunidad estable, la teoría del “buen salvaje” russoniana da risa. Las comunidades vernáculas más primitivas fueron en tiempos adánicos cualquier cosa menos salvajes, porque el mantenimiento del orden social es una prioridad en un sistema  gaiano. Konrad Lorenz señaló en su día: “El ser humano ha sido sacado del paraíso, donde podía confiar en sus instintos”, es decir, en las formas familiares, en el apego a la tierra, en la vinculación al territorio, en las formas de espiritualidad esencial y perenne. Sin todo eso, sólo nos queda vivir “desconectados”. Y E.M. Forster sentencia: “¿Cómo puede estar el ser humano en armonía con su entorno si constantemente lo está alterando?”.  Exactamente, ¿cómo vivir en armonía con la Naturaleza, aunque fuéramos capaces de mantenerla en un estado virginal, si la nuestra propia, la naturaleza de nuestra especie, la hemos vilipendiado al destruir la familia, unidad ecológica vital para nuestra existencia y futuro? ¿Puede haber espiritualidad (en general, más allá de cada caso individual) sin familias, donde las pruebas son más dolorosas y acuciantes, y donde los compromisos están sellados con sangre?

SACRIFICIO Y SERVICIO
Sin relaciones mutualistas, es decir, sin sacrificio, sin actitudes serviciales y de gratitud entre sus miembros, la familia se destruye y, en la medida en que nos apartamos de aquello que es óptimo como sociedad humana, los desajustes y anomalías se multiplican. Como escribe Goldsmith: “La desintegración de la familia, que hoy en día se produce cada vez con más frecuencia, es posiblemente el origen más serio de alienación o anomia. En 1970, las familias monoparentales estadounidenses eran más del 10% del total, pero en 1988 superaban el 23%. (…) Hay alrededor de 10 millones de niños vagando por las calles de las principales ciudades de Brasil y aproximadamente  30 millones en toda América del Sur”. ¿Qué será de estos niños en el futuro? Muchos de ellos, aunque resulte triste, desarrollarán conductas delictivas, asociales y violentas (si sobreviven), incluso con sus propios hijos. Por no hablar de las altas tasas de enfermedades mentales (depresión, insomnio, alzheimer…) y físicas (cáncer, etc.) vinculadas a la soledad, el aislamiento y la anomia, cuyo último paso es el suicidio.

¿Y EN OCCIDENTE?
La situación en los países desarrollados quizá no es tan crítica como en los suburbios de las metrópolis latinas. El grado de desestabilización familiar no ha alcanzado clímax todavía tan terribles; y los asistentes sociales se encargar de minimizar los problemas; y las legislaciones internacionales y económicas hacen más daños a los países empobrecidos que a los occidentales y, por lo tanto, la miseria se ceba más en el Sur que en el Norte. Pero la situación es igualmente crítica. La familia se ha reducido a su más mínima expresión. Los bebés crecen en las guarderías. Los ancianos mueren en geriátricos. Vivimos en una sociedad absolutamente atomizada. La tasa de natalidad española es la más baja del mundo y, de seguir así las cosas, en 50 años habremos descendido a 30 millones, “un suicidio para el estado del bienestar”, en palabras de un conocido político. Comunidades como Asturias, muy envejecida, ya no podrían pagar el sistema de pensiones en caso de no recibir ayuda de otras comunidades autónomas. En España, el índice sintético de fecundidad (ISF), o total fertility rate (TFR) en la terminología anglosajona, se sitúa en la actualidad en torno a 1,2 hijos por mujer. Mientras muchas parejas se niegan a tener hijos o no pueden tenerlos (o los tienen a edades premenopáusicas), en otras familias la progenie es amplia. O sea: hay niños que se desarrollan privados del tener hermanos mientras que otros viven hacinados en pisos patera. El presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios, Ignacio Buqueras, ha asegurado recientemente que las bajas cifras de natalidad que hay en España se deben, entre otras cuestiones, a la falta de horarios laborales flexibles que permitan a los ciudadanos "disfrutar de un espacio propio en el que vivir con plenitud". Según destacó este experto a Europa Press, después de haberse reunido con diferentes representantes de partidos y del gobierno, es el momento de "hacer europeos" los horarios de trabajo en España, ya que los actuales horarios "no son los más adecuados" para remontar las bajas cifras actuales de natalidad. Pero, sin duda, el reducir a una cuestión de horarios la atomización familiar es cosa poco reflexiva. Hay muchas más causas de todo tipo que tienen que ver con ese desastre: razones espirituales, sociales, económicas, morales, egoístas… Sin voluntad servicial y mutualista y espiritualidad, sin un modelo social espiritual y corporativista, nadie se resiste a satisfacer sólo los propios intereses y deseos. De eso a la radical desestructuración social… sólo hay un trecho.

¿Y EN ORIENTE?
En Oriente, a pesar de que allí la familia siempre ha sido (en sus diferentes culturas) el eje de la estructuración social, tampoco la familia pasa por buenos momentos. Mientras los fanáticos de cada religión gritan a voces sumándose al estremecedor ruido ambiente, la esencia de las diferentes tradiciones es ignorada por masas cada vez mayores de la población. El resultado son estados-nación en los que impera el folclorismo religioso (apegado sólo a las formas exotéricas en buena medida) conviviendo con una sociedad de masas enloquecida apartada de la espiritualidad en su más honda esencia. En India y China, el aborto selectivo (para deshacerse de las niñas) avanza al tiempo que, en Nepal, por ejemplo, cantidades cada vez mayores de niñas son vendidas a los prostíbulos con el paradógico consentimiento de sus progenitores. Los fanatismos religiosos y las leyes de mercado transforman las familias en cárceles para sus miembros o los dejan a merced del mercado y en la calle… Las redes sociales de protección, como la familia y la comunidad, se desintegran al tiempo que la población crece y crece sin parar mientras minorías oligárquicas siguen imponiendo sus intereses. El proceso de desestructuración familiar y social es el mismo en todo el planeta, con diferentes acentos y consecuencias. Los que se benefician son los estados, los empresarios y las sectas de todo tipo.

LAS TRANSFORMACIONES
La familia en el estado español ha experimentado transformaciones radicales a lo largo de los últimos lustros como consecuencia de los cambios demográficos, pero también debido a las mutaciones sociales y éticas. Se ha pasado de una familia extensa a una cada vez más atomizada. Las redes de solidaridad familiar han sido sustituidas por servicios sociales estatales y/o profesionales privados. La inestabilidad familiar actual conlleva la dependencia de los servicios sociales y empresariales de diversa índole.
En el estado español, sigue siendo el matrimonio monógamo el eje familiar. Las bodas católicas disminuyen y crecen los matrimonios civiles, en los que no hay ninguna consideración espiritual, sino humanista. Pero crece el número de bodas celebradas según ritos no católicos: musulmanes, hindúes, shijs, etc. Muchos de estos matrimonios no son “oficiales” para el estado. La cantidad total de matrimonios ha variado poco en lo que llevamos de siglo y generalmente fluctúa entre 7 y 8,5 al año por cada 1.000 habitantes.
Lo que sí se ha observado recientemente es una fuerte disminución en el número de matrimonios coincidiendo con la caída en el número de nacimientos. Hasta mediados de los 90, según datos oficiales, “desde 1977, el número de matrimonios bajó hasta un 6,6 por mil en 1979 y un 5,6 por mil en 1989”. Aunque, bueno, si hay muchos matrimonios llevados a cabo por ritos no católicos… y no son oficiales, el que no estén incluidos en las estadísticas no significa que no existan. En cualquier caso, la disminución de matrimonios “oficiales”, sean católicos o civiles, es similar a los datos de otros países de la Comunidad Europea. España es el estado con menor número de compromisos matrimoniales de Europa, con la excepción de Suecia. Las parejas de hecho sí han visto multiplicarse su existencia. Su aceptación social ya es absoluta.

BODAS Y EDADES
A principios del siglo XX, las bodas se daban a edades tardías (entre 27,8 y 28,4 años de edad para los hombres y entre 24,6 y 25,2 para las mujeres en el periodo de 1901 y 1935). Luego, durante la Guerra Civil y la posguerra, se daban a edades más maduras aún, 29,7 años de edad en los hombres y 26 en las mujeres entre 1941 y 1945. En las etapas de bonanza, 26 años para los hombres y 23,5 para las mujeres, de 1976 a 1980. A partir de ahí, los matrimonios católicos y civiles vuelven a darse a edades más adultas, por las crisis y los nuevos valores sociales. La caída en las tasas de nacimientos ha afectado directamente el tamaño de las familias, que ha disminuido de 4 miembros en 1960 a 3,5 miembros en 1991. La cifra no ha dejado de empequeñecerse en los últimos lustros. La proporción de familias uniparentales no para de crecer. El divorcio en España tripica el divorcio de otros países europeos cercanos. Por otro lado, hasta hace poco, en España sólo un 5% de niños nacía fuera del matrimonio, mientras que esta cifra alcanzaba un 36% en Dinamarca y un 50% en Islandia, Noruega y Suecia. Pero ahora las cifras españolas han aumentado mucho. En España hay un divorcio cada cuatro minutos. Un aborto cada cinco. Un crimen conyugal cada tres días. El número de madres solteras sin pareja se ha disparado por diferentes motivos.


LAS CONSECUENCIAS
Todo esto tiene todo tipo de consecuencias, sociales, individuales, psicológicas. Aumentan los disturbios psicoemocionales, el aislamiento, las tasas de depresión, el suicidio, anomalías sociales como la drogadicción y el alcoholismo, etc. Y medioambientales, también, claro. Una sociedad radicalmente atomizada tiene un gasto energético infinitamente superior. Las sociedades vernáculas, las más ahorradoras de energía, planteaban su funcionamiento siempre en base a estructuras sociales muy estables. Lo quiera ver o no nuestra progresía “recientemente verde” y/o nuestra derechona neoliberal, sin familias no puede haber ahorro energético ni contención en el uso de los recursos. Y, a la postre, sin familias y sin escala social humana y humanizada, no hay formas de producción en armonía con Gaia, y no puede haber respeto por el orden crítico ecosférico… Así que habrá que descartar las “dictaduras verdes” al estilo Al Gore, que, por cierto, su “familia” está en boca de todos por el teatro representado hasta la fecha.
Según un estudio del Centro de Investigación para la Paz, “la pérdida del bienestar subjetivo (la felicidad) se relaciona con el deterioro -como consecuencia de elevados niveles de prosperidad alcanzados- de ciertas instituciones que son claves para dicha felicidad. El bienestar subjetivo depende de manera crucial de la estabilidad familiar, de la amistad y de la solidez de la comunidad”. Hay numerosísimos ejemplos más de estudios e informes que lo corroboran. A pesar de que economistas, sociólogos y chalados de uno y otro lado se han tirado décadas diciéndonos que la única garantía de la felicidad humana era el crecimiento económico y el progreso material o, por otra parte, las sociedades comunistas ajenas a cualquier consideración espiritual donde las familias eran sustituidas por el estado, la mayoría de estadísticas y trabajos al respecto concluyen que el ser humano no puede encontrar su bienestar sin sociedades estructuradas de forma sólida en base a células familiares estables y con garantías de futuro. Las tribus amerindias siempre pensaban en la séptima generación futura, por asegurar la continuación de sus genes, de los recursos medioambientales, de sus formas de espiritualidad… Pero, en el caso de la sociedad tecnológica, ¿qué se puede esperar de un mundo que ha hecho todo lo posible por esterilizarnos a todos, psíquica y físicamente, agotar los recursos y confundir bienestar con juguetitos y maquinitas made in China?


¿SIN ESPIRITUALIDAD?
Dicho todo lo dicho, ¿no les parece que hoy la familia es la forma de navegar más a contracorriente que existe? ¿Y cómo se puede navegar a contracorriente cuando el motor de tu barco no funciona con carburantes petroadictos ni biodiesel? Para bregar con toda esa presión en contra hace falta ser casi un héroe en lo espiritual (un conocedor, un dos veces nacido), pues desde el estado, las empresas, los medios, los grupos políticos y los grupos apolíticos… se trabaja para que desistamos, para que tiremos la toalla, para que vivamos en alguna azotea, solos y manteniendo relaciones sólo esporádicas con casi desconocidos, comiendo basura, viendo basura y respirando basura. En fin, para que nos convirtamos en basura. En todas las tradiciones espirituales se nos llama a formar parte de la Unidad, e incluso lo mismo nos dicen los representantes de la fraudulenta Nueva Era. ¿Y cómo pretender querer llegar tan lejos si no hemos sido capaces de mantener la unidad de nuestra familia? La comunión de la unidad familiar y de todo el universo, incluso de lo que se ve y de lo que no se ve, son una misma cosa. Creo. Por otro lado, hemos visto muchos casos de ecologistas megalómanos intentando evangelizar a todo el planeta y siendo, al mismo tiempo, absolutamente incapaces de mantener su familia en armonía. Los procesos de aprendizaje espiritual encuentran en el entorno más inmediato el caldo de cultivo más fértil y no entre desconocidos del lugar más recóndito del orbe.


ESPIRITUALIDAD Y COMPROMISO
El compromiso con el medio que nos rodea y con nuestra familia son una misma cosa, efectivamente. Como parte de la Creación. Además de intentar tener unas prácticas medioambientales exquisitas en casa, también debemos velar por la familia, no sólo porque eso sea ahorrador de energía, sino porque es una de las mejores maneras de amor y compromiso con algo que está por encima nuestro, ya que todas las confesiones tradicionales nos han hablado de la relevancia de la familia y de la transmisión de los valores espirituales más esenciales e indómitos a través del seno familiar. Además, el amor por el Misterio toma forma en la vida aquí y ahora. Pues, como dicen los Vedas: “En verdad, no es por el amor del esposo por lo que el esposo es querido, sino por el amor del Atmâ que está en él. En verdad, no es por el amor de la esposa por lo que la esposa es querida, sino por el amor del Atmâ que está en ella”.
¿Y cómo es posible bregar por la unidad familiar en un mundo de divorciados que se hablan poco y mal, de adolescentes inmisericordes, de abuelos dopados por el Inserso que reniegan de cualquier consideración espiritual seria y no folclórica, de hermanastros que casi no se conocen, de buscadores de herencias, de padres y madres separados que hacen todo lo posible por transformar a sus hijos en los enemigos del “otro”, de gente incomunicada…? ¿Y quién no vive algo de eso, como mínimo, en su propia casa en la actualidad? Miles de fuerzas desintegradoras luchan cada día por aislarnos más todavía y por transformarnos en átomos presuntamente autosuficientes… ¿Qué podemos hacer? Olvidemos el pasado y las veces que nosotros mismos hemos metido la pata en este aspecto en pro de la modernidad y del progreso. Y predica con el ejemplo, compadre, comadre, y, pase lo que pase, “no te enfurezcas, no te enfurezcas”. Tarde o temprano, tu ejemplo dará sus frutos… Y, en cualquier caso, seguramente, tienes muchas lecciones que aprender de todo eso, por tu propio bien. No es una cuestión moral. Es un compromiso espiritual, gaiano y por la supervivencia. La sabiduría primordial presente en la esencia de las diferentes tradiciones espirituales, que nos advierte de los problemas que engendra la destrucción familiar, puede ofrecer respuestas para algunos de los principales problemas que angustian al mundo moderno, que tienen su origen, principalmente, en la pérdida de conexión del hombre tecnológico con las dimensiones más profundas de la persona y del universo. Y para conectar con el universo hace falta también estar conectado con tus ancestros y con las generaciones futuras. Así ha sido, al menos, durante milenios y milenios. No te engañes, compadre, comadre: la familia no es hoy algo “conservador”, “rancio”, “burgués”, sino todo lo contrario, porque tanto desde la derecha como desde la izquierda llevan décadas haciendo todo lo posible por despedazarla. Si los fachas (con sus políticas económicas que crean miseria y desunión), los comunistas (con sus políticas fragmentarias) y los replicantes dictatoriales de las sectas (con sus métodos subliminales y/o expeditivos) están tan empecinados en desunirnos, ¿por qué será? ¿A qué oscuros intereses contrainiciáticos responden?

Pedro Burruezo

 

DIVORCIOS
A VECES, UNA MISERICORDIA
Salvo en el catolicismo actual, que no deja de ser algo desviado de la cristiandad tras concilios de dudosos resultados, en todas las confesiones espirituales primordiales el divorcio es algo admitido y normalizado (a pesar de lo que hagan los devotos de cada confesión, que muchas veces no tiene nada que ver con la confesión en sí). Tiene sus razones y, cuando éstas son de peso, el divorcio puede ser una misericordia para los cónyuges, si no hay bienestar y armonía entre ellos. Pero de eso a una sociedad en la que millones y millones de personas aspiran a satisfacer sólo sus propios deseos e iniciativas, sean hombres o mujeres, hay un trecho. ¿El ser humano moderno tiene la soledad y el aislamiento que se merece? Víctor Hugo ya dijo que: “La familia es el espejo de la sociedad”. Sófocles señalaba que la persona que se comportaba más que correctamente en familia era el mejor tipo de ciudadano. Si no hay familias, ¿qué tipo de sociedad podemos llegar a tener?

 


 

Derechos reservados © 1999-2010 The Ecologist para España y Latinoamérica