¡Vivir como un árbol!
¡Qué enriquecimiento!
¡Qué profundidad!
¡Qué rectitud!
¡Qué verdad!
Gaston Bachelard
En los tiempos antiguos, y aún hoy en algunos lugares del planeta y en el propio Occidente, hay personas que, cuando sesgan un poco de tomillo de una planta en la montaña, piden permiso a la planta y/o dan las gracias a Dios o pronuncian alguna palabra sagrada. Lo mismo ocurre con algunos agricultores, cuando recogen una lechuga, cosechan manzanas del árbol o vendimian al llegar septiembre. Incluso hay quien planta árboles, no tanto para hacer negocio (aunque es un negocio lícito), sino más bien por ganarse un “hasanaq” (una gracia divina), por agradar a Dios, por volver al centro y a la unicidad cósmica. Pero, desgraciadamente, los que hacen esto son hoy una minoría. El mundo vegetal es visto por la sociedad tecnológica como algo sin vida, como un recurso, como una cifra en una cuenta de resultados, como un ente inerme. Cuando alguien está próximo a la muerte se dice que está “como un vegetal”. Tal vez con ello quiere decirse que los movimientos están limitados, pero que, sin embargo, la conciencia sigue viva. Bueno, tal vez eso fuera ser demasiado optimista. El caso es que los vegetales, a pesar de todo lo que nos dan, son muy mal tratados por la sociedad de la economía excedentaria y de la visión mecanicista. Es un gran error. Pagaremos caro esta villanía.
EL MUNDO VEGETAL AL SERVICIO DE LA SALUD
Según la doctora Silvia Moreno, en una charla brindada en la Jornada de Puertas Abiertas realizada en el Instituto Leloir (Buenos Aires, Argentina), “a pesar de que el 50% de los medicamentos que hoy se utilizan en medicina tienen un origen vegetal, sólo han sido estudiadas entre el 5% y el 10% de las plantas que existen en la Tierra en búsqueda de compuestos bioactivos”. En la misma conferencia, la doctora del Laboratorio de Bioquímica Vegetal de ese centro de Investigación de Buenos Aires agregó: "Muchos medicamentos tienen su origen en los vegetales porque éstos generan una gran cantidad de moléculas con actividad farmacológica, también llamadas compuestos bioactivos porque actúan sobre los organismos vivos".
El potencial de las plantas para curarnos y para curar a los animales es enorme. Sin mentar todas las plantas cuyos principios activos no han sido aún estudiados, es una obviedad que durante miles y miles de años el hombre ha utilizado los recursos botánicos para mantener el equilibrio de su salud. Sean en formato de avanzadas píldoras de origen vegetal, o sea en formato de infusiones tradicionales, las plantas medicinales nos curan, nos protegen, ayudan a mantener el equilibrio de nuestra salud, nos reconfortan…
Hasta el desarrollo de la química, y de la síntesis de compuestos orgánicos a lo largo de los siglos XIX y XX, las plantas medicinales han sido la única fuente de principios activos capaces de mejorar el estado de salud de las personas. Hoy, las plantas medicinales son una rebelión ante la dictadura de las compañías farmacéuticas. No sólo los principios activos de las plantas forman muchos de los fármacos actuales, sino que las plantas medicinales pueden complementar, sustituir o prevenir las terapias convencionales en muchas patologías. Desgraciadamente, con la destrucción de las selvas tropicales, dejamos de conocer y extinguimos plantas que, quién sabe, tal vez hubieran sido de gran ayuda para solucionar las grandes plagas a las que nos enfrentamos, como el cáncer, la malaria o la diabetes.
EL MUNDO VEGETAL AL SERVICIO DE LA NUTRICIÓN
El ser humano es omnívoro. Es decir, tiene la capacidad de poder alimentarse de alimentos de procedencia animal y vegetal… Aunque hay personas (en Occidente, individualmente) y colectivos (los esquimales, por ejemplo) que tienen una ingesta de proteína de procedencia animal muy grande, incluso ellos no podrían sobrevivir sin vegetales. Entre otras cosas, porque los necesitan como complemento a su dieta básicamente cárnica, aunque sea de vez en vez, y, además, porque los animales que consumen, en su mayoría, se alimentan de vegetales. Dejando a un lado los casos extremos, de personas muy carnívoras o de colectivos que viven en climas muy extremos, el hombre necesita a los vegetales para vivir, sean procedentes de la agricultura o silvestres. Los ovolacteovegetarianos y los veganos demuestran, además, que se puede vivir sin prácticamente proteína de origen animal.
Los vegetales aportan a nuestro organismo todo lo que necesitamos para vivir: vitaminas, hidratos de carbono, proteínas, minerales, micronutrientes, agua… Se podría decir, incluso, que los vegetales nos aportan cosas que incluso la ciencia desconoce hoy por hoy. James Oswald, desde el IVU News del Instituto para la Nutrición Basada en Vegetales, asevera: “La nutrición basada en vegetales se define como un esquema dietético que incorpora en calidad de alimentos algas, bacterias, cortezas, bayas, salvados, bulbos, enzimas, fibras, flores, frutas, hongos, grasas, zumos, hojas, microbios, aceites, vainas, polenes, rizomas, raíces, savias, vegetales marinos, semillas, germinados, tallos, tronchos, ramitas, tubérculos, parras, levaduras y sus extractos tales como infusiones, y vitaminas y minerales de origen vegetal”. No hablamos ya sólo de lechugas, cebollas o manzanas. El azúcar, el café, la vainilla o el almidón utilizado en una salsa de tomate también proceden de vegetales. Nuestra alimentación está más basada en vegetales de lo que nosotros creemos.
EL MUNDO VEGETAL AL SERVICIO DE GAIA
Los servicios (además de los ya citados) que presta el mundo vegetal, completamente gratuitos, a Gaia y a la sociedad humana… son incontables. Son bien sabidos por lectores de la revista. Pero, en cualquier caso, echemos un vistazo general. Los vegetales, los árboles, los bosques… retienen la humedad del suelo, nos defienden de los huracanes y vientos, fertilizan el suelo, fabrican oxígeno, atrapan gases contaminantes y nocivos, purifican la atmósfera, controlan el clima local y mundial, luchan contra la desertización, refrescan la atmósfera, evitan el impacto directo de los rayos del suelo sobre la superficie terrestre, evitan los deslizamientos de tierras, protegen la biodiversidad, nos proveen de sombras para guarecernos.
La cobertura vegetal gaiana, especialmente las selvas tropicales primarias y los grandes bosques continentales, son el mayor antídoto que nos queda para contrarrestar la crisis climática que ya está padeciendo el planeta. Según un buen número de expertos, la deforestación que se da hoy en la Tierra, especialmente en los trópicos, a pasos agigantados por los intereses de las compañías madereras, es un desastre que podría acelerar el cambio climático de una manera catastrófica para las sociedades humanas y para todas las especies que pueblan la Tierra. Dicho de otra manera: si la crisis climática no se ha producido ya a una escala planetaria es porque las selvas tropicales, los bosques primarios, las grandes masas de población vegetal… están todavía evitando el mal anunciado. El ritmo vertiginoso de deforestación no hace más que hacer sonar todas las alarmas, pese a la ceguera y la sordera de los políticos.
OTROS SERVICIOS HUMANITARIOS
Además de todos los servicios mentados, los vegetales ofrecen mucho más. Por ejemplo, son, en sí mismos, un recurso cultural. La biodiversidad aplicada a la alimentación es también cultura. Y los jardines árabes, o los japoneses, son también cultura. La madera ofrece multitud de servicios a la construcción, ornamentales… ¿Y qué me dicen de los servicios energéticos procedentes de los vegetales? Es verdad que hoy son polémicos los biocombustibles, pero también es verdad que la leña, la biomasa, el carbón vegetal… nos han ayudado a calentarnos, a cocinar o a hacer funcionar nuestros aparatos e ingenios durante cientos de años. Hay plantas y árboles que hacen compañía a muchas personas. Su función es muy pedagógica. A veces, una planta es más eficaz que un psicólogo. ¿Y qué me dicen de las posibilidades utilitarias de la madera? Se utiliza para construir herramientas, utensilios de cocina, mesas, sillas, ventanas, yugos para bueyes…
El árbol también es una fuente de aprendizaje espiritual, por su humildad, por su postración continua ante la Divinidad. Además, el árbol puede ser un remanso de paz en los momentos de mayor estrés. Abrazarse a un árbol o pasear por un bosque limpian nuestro cerebro y purifican nuestra alma. Un mero árbol en nuestro jardín puede conectarnos como el mundo natural y el bosque es, como han señalado muchos hombres sabios de la Antigüedad, una posibilidad, un “médium”, para la revelación. Las posibilidades de los vegetales exceden con mucho el mundo de lo biológico. Se puede aprender algo de esto, aunque es necesario tener las orejas bien abiertas, y no todo el mundo parece mostrar una buena disposición a ello.
EL ÁRBOL DE LA CIENCIA
Si los árboles y los vegetales hacen tanto bien por Gaia y por la Humanidad entera, ¿cómo es posible que hayamos llegado a ser tan desagradecidos? Las religiones del Libro nos dicen que, al comer del Árbol de la Ciencia, empezó la caída del hombre hasta el estado actual, un momento de gran decadencia ecológica, moral, espiritual… El mundo de la Tradición Perenne nos invita a ver el mundo de los vegetales como una teofanía. Posiblemente, lo que se explica sobre el Árbol de la Ciencia no sea más que una bella metáfora. Procedemos de un mundo encantado, lleno de luz, pero el hombre eligió la tiniebla. ¿Es la ciencia umbría y cenagosa? La ciencia podría ser un instrumento hermosísimo para que el hombre actual trascendiera su decadencia y su vida al filo del colapso ecológico. Pero sólo una ciencia que esté, en cierta forma, subordinada al mundo espiritual… puede devolverle la grandeza al hombre, y de esta forma volver al mundo de luz del que procede. Pero una ciencia, supuestamente ecológica, que continúe anclada en los peores paradigmas del mundo contemporáneo (mecanicismo, antropocentrismo, cientifismo…), no hará sino hundirnos más en la debacle, pues, aunque la clase científica que está al servicio de los intereses más oscuros de empresas y ejércitos no quiera reconocerlo, lo cierto es que la mayoría de los problemas que hoy nos asolan no tienen posibilidad de solución tecnológica y/o científica… Mientras el mundo moderno siga viendo a los vegetales, los árboles, los bosques… como un mero recurso… no tendremos solución y estaremos abocados al desastre.
Aunque surjan por doquier campañas de reforestación, campañas de cuidado de bosques, campañas para replantar árboles de navidad o lo que sea, y bienvenidas sean todas ellas, que quede claro, si la sociedad tecnocientífica sigue empeñada en darle la espalda a aquello que realmente vela el árbol, a aquello que esconde, al secreto más bello del universo, mucho me temo que las leyes del mercado y de los estados se encargarán, tarde o temprano, de acabar con la última brizna verde que viva sobre la faz de la Tierra.
Pedro Burruezo
burruezo@theecologist.net
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