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THE ECOLOGIST
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Pedro Burruezo, fundador de EcoActivistas, grupo que dirige la publicación, resume lo que han sido todos estos años y habla de la verdadera razón de ser de la revista: la ecología profunda

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ENTREVISTA A Miguel Jara, escritor y periodista freelance especializado en la investigación de temas de salud y ecología. Autor del libro Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad.



“DUDAR DE TODO ES UN ACTO DE SALUD DEMOCRÁTICA, DEL SISTEMA SANITARIO Y DE SUS PRINCIPALES ACTORES, TAMBIÉN”


Miguel Jara publica estos días su libro Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad (Icaria Editorial). Durante más de cuatro años ha estado investigando el actual sistema sanitario, los medicamentos que resultan peligrosos y la responsabilidad de los laboratorios y los representantes de la Administración. En esta entrevista nos ofrece algunas de las claves de cómo funciona el negocio de la enfermedad y de la salud.

Fecha de publicación: 1-1-2007

Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica

 

-Escribir sobre salud es delicado y más aún sobre los tratamientos en donde compiten tantos intereses económicos, como ha hecho usted en su libro Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad. Poner en tela de juicio y además acusar y señalar con el dedo temas concretos de fraude y de abuso por parte de los laboratorios farmacéuticos es peligroso. ¿Cómo se atreve? ¿Tiene documentación suficiente? ¿No cree que esto le puede traer graves consecuencias si realmente la manipulación está tan bien orquestada como manifiesta en su trabajo?
-Entiendo sus preocupaciones pero escribir sobre salud es tan complicado hoy como escribir sobre tantos otros temas en los que priman los intereses económicos y políticos. No escribo sólo sobre salud, también lo hago sobre problemas relacionados con la ecología y sobre derechos humanos y las dificultades que suelo encontrarme son las mismas. El libro tiene más de 570 referencias y no son esas todas las fuentes de información que he utilizado pues también cuento con documentos y testimonios exclusivos. Así que todo lo que afirmamos en él está muy documentado. Sobre las consecuencias que pueda traerme… soy periodista y éste es mi trabajo. El derecho de los ciudadanos a estar informados y la libertad de expresión de los informadores son derechos fundamentales.

-¿Cuánto tiempo lleva investigando para haber llegado a aseveraciones tan graves?
-El libro comencé a escribirlo a finales de marzo de 2003 pero antes realicé durante varios meses una labor de documentación. Además, llevaba unos dos años trabajando y publicando sobre estos temas.

EL DEDO EN LA LLAGA
-Por si fuera poco usted pone en entredicho también el interés económico sobre el político e incluso el judicial. ¿No está metiendo el dedo demasiado profundamente en la llaga?

-Es cierto que existen llagas abiertas en el actual sistema de salud pero yo no soy el cirujano dotado para hurgar en ellas ni para cerrarlas. Sencillamente, como periodista cuento lo que veo: que existen llagas supurantes, qué dimensiones aproximadas tienen, qué o quién ha podido provocarlas. A todos los ciudadanos nos incumbe buscar un tratamiento que cure esas llagas sociales. La primera parte del libro nos aproxima a los principales casos de muerte o graves daños en la salud de las personas provocados por los medicamentos en nuestro país. Un segundo bloque nos habla de la actitud de las principales compañías del sector farmacéutico, que son quienes comercializan los productos farmacológicos que utilizamos. El tercer capítulo documenta las estrategias que utilizan los laboratorios para incrementar sus ventas de fármacos. Por último, contextualizamos todo esto en el proceso de globalización capitalista que en la actualidad se lleva a cabo en el planeta y del que la industria farmacéutica es uno de sus principales impulsores.

-¿Se ha planteado si es bueno para la salud mostrar estas dudas tan serias sobre la hasta ahora intocable credibilidad de la medicina oficial?
-No sólo es bueno para la salud, es un acto de salud democrática dudar de todo; del sistema sanitario y de sus principales actores, también. Por dudar hasta me permito dudar de su afirmación de que la credibilidad de la medicina oficial sea intocable. La industria farmacéutica atraviesa una gran crisis de credibilidad. La mayor parte de los ciudadanos no tiene un buen concepto de estas compañías, de hecho es frecuente encontrar declaraciones de altos ejecutivos de laboratorios reconociéndolo. El ciudadano es consciente de que las corporaciones farmacéuticas anteponen sus intereses económicos a la salud pública. Esto no sorprende a nadie pues en el actual sistema económico casi nos hemos acostumbrado a que cualquier sector empresarial busque la rentabilidad por encima de planteamientos éticos. Pero en el sector de la salud, por ser ésta lo que más nos importa a las personas, se nota más que el bienestar ciudadano es algo secundario para los vendedores de remedios. Eso sí, hasta ahora teníamos una concepción negativa de estas industrias aunque sin muchos datos concretos. El libro es una contribución a que ya no tengamos excusas para esto. Tengo que confesarle que hay algo que me llama la atención y es que, mientras que en otros países, como Australia, Estados Unidos, Reino Unido, Francia o los países germanófilos, otros periodistas han publicado libros parecidos al mío, en España, salvo la honrosa excepción de algunos médicos críticos, ningún periodista ha ofrecido al público un texto como el que yo les propongo.
La de la credibilidad, por cierto, no es la única crisis que enfrenta este sector. También sufre una crisis económica galopante. La farmacéutica es la industria legal más rentable del planeta pero desde hace unos lustros sus resultados económicos han ido reduciéndose. Por ejemplo, durante 2002 los diez mayores laboratorios consiguieron un beneficio neto del 17% de las ventas. Aún así, las demás grandes empresas lograron en torno a un 3%. Es por tanto una crisis muy beneficiosa todavía.

¿QUÉ HAY DE VERDAD?
- Pero, ¿es que resulta que todos están compinchados contra los ciudadanos del mundo? ¿Qué hay entonces de verdad en la farmacología si no está libre de la presión de las farmacéuticas?

-Siempre encontraremos parcelas de verdad en todos los campos de la vida y de esta sociedad. En el sector farmasanitario es cierto que quizá el porcentaje de corrupción sea mayor que en otros sectores económicos, va a la par con sus enormes beneficios, que ya le he comentado. Pero se sorprendería de la cantidad de personas honestas que hay; coherentes, que creen en su trabajo y lo defienden de las intromisiones de los intereses empresariales. Sin estas personas no hubiera sido posible ofrecer a los lectores y lectoras el libro. Por eso, el primer párrafo es una dedicatoria a estas personas. Si dejaran presionarse por los agentes corruptos del sistema sanitario muy probablemente ganarían más dinero y promoción social pero es precisamente la verdad lo que les mueve. Traficantes de salud advierte sobre situaciones muy duras e injustas con las que todos podemos toparnos pero también es un homenaje a todas las personas que luchan por la verdad; la verdad de la vida. Esas madres o familiares de víctimas de fármacos que entregan su existencia a buscar justicia y dignidad para los suyos y los demás. O esos profesionales de la salud que quieren mantener viva la llama de la entrega a los demás que les motivó a convertirse en lo que son. Hace unas semanas un medio de comunicación informaba sobre una encuesta realizada para saber qué querían ser de mayores los jóvenes. Ellos, por cierto, decían que futbolistas, pero ellas contestaban que enfermeras. ¿Cree que esas muchachas piensan en ser de mayor compinches sistémicos contra la ciudadanía? Más bien son un soplo de verdad pues de alguna manera ellas quieren ser las que curen al mundo, las que pongan parches asépticos en la herida del mundo. La dura realidad hará una criba en sus aspiraciones. Este libro puede venirles bien para saber qué van a encontrarse y cuan fuerte tendrá que ser su determinación.

-Realmente, tal como desarrolla en su libro, es tan complicada la trama que uno no sabe por dónde empezar ni a quién creer: los laboratorios farmacéuticos están pintados como el mismísimo diablo. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pié para verle la cola a ese malhechor? ¿Qué herramientas, qué instrumentos tenemos? Porque leer Traficantes de salud te da algunos ejemplos con nombres y apellidos y te da idea del complot mundial, pero si tengo una enfermedad, si me duele algo, ¿qué hago?, ¿dónde puedo acudir? Usted, queridísimo señor Jara, ha plantado en mí la semilla de la duda, y aún más la del odio y la impotencia ante semejantes bandidos.
-Sobre la duda ya hemos hablado: objetivo cumplido si la he sembrado en usted y en los lectores y lectoras. Más me preocupa sembrar odio. El odio nubla nuestros mejores valores y no conduce a nada constructivo, y de eso se trata precisamente. Cuando me habla de diablos y bandidos me imagino a legiones de seres trajeados, con maletines llenos de dinero, cuernos, rabo y un tridente sanguinoliento en la mano. No, me temo que es algo más prosaico. El sistema capitalista ha creado un caldo de cultivo de corrupción para las personas. Porque no olvidemos que los actos más deplorables que puedan narrarse en el libro al fin y al cabo están cometidos por personas, las mismas que dirigen las compañías y que trabajan en los laboratorios o en las consultas. Tenemos inoculado el virus del poder por el poder, del enriquecimiento a toda costa, del todo vale, incluso aunque el objeto de nuestro tráfico sea la salud pública. ¿No será un asunto de elección? Como le he contado mi impresión es que unas personas eligen la ética y la honestidad y otras prefieren corromperse, poner sus capacidades al servicio de intereses inhumanos. ¿Qué podemos hacer?: Informarnos. Quien está bien informado puede elegir mejor. Necesitamos médicos, farmacéuticos o investigadores. Buscar y elegir llevará su tiempo. Si enfermas o te duele algo hay que acudir a un doctor de confianza. Si no lo tenemos busquemos entre los que nos puedan recomendar otros. Probémosles. Preguntemos; sobre todo preguntemos lo que queramos, es nuestro derecho. Contrastemos sus diagnósticos con otras fuentes de información u otros especialistas. Cuando nos receten un medicamento, preguntemos al doctor: ¿Es necesario medicarse para esta dolencia?, ¿cómo actúa el fármaco?, ¿qué sucede si no lo tomo?, ¿cuáles son sus efectos secundarios y cómo interactúa con otras fórmulas que esté tomando? Si cuando le recetan un medicamento consigue saber del mismo más que su propio doctor, buena señal. Si es un profesional ético, se lo agradecerá.

TECNOLOGÍA Y COMPLOT
-Y la tecnología con fines terapéuticos o de diagnóstico, ¿también forma parte del complot?

-Vivimos en una sociedad que exalta la tecnología por la tecnología y esto no es inocente. No es cierto que podemos elegir libremente entre tener cierto grado de tecnología o no tenerlo. Se nos juzga por el grado de tecnologización al que nos sometemos y la tecnología es utilizada de manera sistemática por las élites para hacer negocio y de paso, y esto es muy importante, para controlarnos. La tecnología se utiliza para el control social y el campo de la salud no es una excepción. Soñábamos con que la tecnología nos haría libres pero cada vez trabajamos más tiempo gracias a los inventos de última generación. La industria de la salud también nos vende sensaciones de presunta seguridad, de confianza y experiencias en forma de tecnología. No olvidemos que medicamentos y aparatos terapéuticos o de diagnóstico pese a que antes de utilizarse de manera masiva se prueban no es hasta que pasan años y años de utilización o ensayo sobre la población cuando sabemos si son verdaderamente efectivos e inocuos para la salud. Existe un libro que recomiendo para profundizar en estos temas: Lo que los médicos no nos dicen. Los riesgos de la medicina moderna, de la periodista Lynne McTaggart. En él hay abundante información sobre lo que ella denomina el exceso de diagnosis y todas las tecnologías que se utilizan en la medicina hoy.

-¿Cuál es su opinión o tiene información sobre las ventajas o no de que uno se haga pruebas de esas que llaman de detección precoz, como por ejemplo del cáncer de mama? Las mamografías pueden detectar precozmente muchos casos pero, al mismo tiempo, mamografías continuadas pueden producir el mismo mal.
-Sólo puedo hablarle de lo que conozco bien, de lo que estoy seguro y este es un campo en el que no me he metido a fondo. En el libro hablo de cómo la industria farmacéutica aprovecha el miedo social a la enfermedad para impulsar análisis preventivos, por ejemplo, para detectar la osteoporosis. Apoyadas en asociaciones de pacientes a las que financian, las compañías con intereses en ciertos medicamentos crean campañas para ayudar a detectar una posible dolencia o un factor de riesgo. El plan es muy hábil: es cierto que a una persona con una enfermedad latente puede serle útil que se la diagnostiquen con eficacia para así poder tratarla a tiempo. Pero esta sensación es utilizada por los laboratorios farmacéuticos para hacer negocio. Cuantas más enfermedades detecten en más personas más medicamentos venden. Es obvio. Es un juego muy sucio porque… ¿qué hacemos, nos negamos a hacernos pruebas para no caer en el juego-negocio de las corporaciones? Yo opino que primero hay que estar muy bien informados. No hacernos pruebas por hacerlas. Muchas de ellas son para detectar presuntamente procesos naturales o dolencias leves que las compañías convierten en graves enfermedades para vender sus productos. Cuando nos ofrezcan hacernos una prueba de diagnóstico precoz debemos averiguar si esta es fruto de una campaña de salud, porque suelen estar financiadas por las empresas cuyos fármacos nos serán recetados en caso de encontrarnos la dolencia que buscan. Otra fórmula válida es pensar que quien busca encuentra y que yo sepa no hay persona que no padezca algo por leve que sea. Hoy el listón de lo sano ha bajado mucho. Un ejemplo: el nivel de colesterol malo en sangre que hace veinte años podía tenerse para estar sano hoy no se permite. Sobre enfermedades inventadas hay un libro muy recomendable: Medicamentos que nos enferman e industrias farmacéuticas que nos convierten en pacientes, del investigador Ray Moynihan. En el texto que le referí con anterioridad, de Lynne McTaggart, hay un capítulo que trata las mamografías con una información crítica.

- ¿Y las medicinas no agresivas, no alopáticas? Las llamadas medicinas complementarias o alternativas, ¿no son una buena solución a tanto desastre?
-Cada vez son más utilizadas. Muchas de ellas tienen una reputación de siglos de existencia. Pero estas medicinas alternativas se rigen también por las leyes del mercado y por ello no carecen de muchos defectos que exhibe la medicina alopática.
-¿Cree que en un mundo como el de hoy, en que la enfermedad es cada vez más multicausal (contaminación electromagnética, nuclear, industrial, por aditivos y tratamientos químicos en la comida), hay todavía posibilidades de que las personas puedan autogestionar su salud?
-Pese a que de mi anterior respuesta pudiera desprenderse un contexto muy pesimista… esto no es así. Usted ha dado en una de las claves de la producción de enfermedades, algo que con el paso del tiempo vemos cada vez más claro: los factores ambientales son fundamentales en la aparición de gran parte de las dolencias contemporáneas. Nuestras vidas se desenvuelven en entornos ambientales insanos, por los factores que ha citado y por otros cuantos más. Así no podemos aspirar a llevar una vida sana. Esta percepción es cada vez más clara entre la ciudadanía, de ahí el gran impulso y prestigio que adquieren los movimientos ecologistas y de lucha por la salud pública. Como indudablemente el ciudadano puede hacer mucho por recuperar el equilibrio ecológico, en la medida de lo posible, también tiene mucho margen para autogestionar su salud. El problema que veo es que estamos metidos de lleno en una guerra social: empresas contra personas. En todos los campos de la vida los intereses de las corporaciones se imponen sobre los intereses humanos. O rompemos esa dinámica o los resultados serán impredecibles pero siempre muy negativos. La autogestión de nuestra salud es fundamental. No lo es menos la gestión y participación ciudadana en las fuentes de producción energética, en los servicios públicos, en la producción, distribución y consumo de alimentos, y de bienes básicos. Y ¿no cree usted que unas empresas gestionadas y/o participadas por sus trabajadores harían más felices a los mismos? ¿No tendría mayor calidad el trabajo?

UN SUCULENTO AHORRO
- Según un estudio encargado por el príncipe Carlos de Inglaterra, la seguridad social británica ahorraría una gran parte de su presupuesto si los ingleses consumieran productos biológicos. En realidad, si no hubiera intereses económicos, el problema se iría solucionando poco a poco si volviésemos a formas de consumo y de vida más sanos. ¿Por qué si tanto nos importa nuestra salud no salimos a la calle de manera masiva como cuando se quiere decir No a la guerra? ¿No es esta una guerra silenciosa?

-Esa es otra de las claves: comer alimentos sanos, a ser posible de producción ecológica y procedentes de especies adaptadas a las comarcas en las que vivimos es la mejor garantía de salud. Hoy comemos verdadera basura disfrazada de comida y por ahí vienen buena parte de las dolencias modernas. Salir a la calle un día está muy bien pero ¿y el resto de los días? ¿Qué tal potenciar, coordinar y expandir el modelo de cooperativas de consumo ecológico? Esto también forma parte de la autogestión de la salud y la economía, de la salud de una sociedad.
- Amma, una mujer santa de India, me dijo que la única solución es la fe y el amor y que lo demás vendrá por añadidura ¿Qué opina de esta confesión tan radical?
-Yo tengo fe en las personas y el amor es lo que mueve el mundo pero los valores por sí mismos no van a cambiar el estado de cosas al que hemos llegado. Serán las personas organizadas las que lo consigan. Eso y la propia dinámica de un sistema insostenible, que está abocado al fracaso. El problema es que hoy el capitalismo global es una fuente de sufrimiento; está por ver cómo quedará el mundo tras su caída.

Ángeles Parra es directora de BioCultura

Destacados:

“Cuantas más enfermedades detecten en más personas más medicamentos venden. Es obvio. Es un juego muy sucio porque… ¿qué hacemos, nos negamos a hacernos pruebas para no caer en el juego-negocio de las corporaciones?”

“La autogestión de nuestra salud es fundamental. No lo es menos la gestión y participación ciudadana en las fuentes de producción energética, en los servicios públicos, en la producción, distribución y consumo de alimentos, y de bienes básicos”

 

Despiece

EN LA SALUD Y EN LA ENFERMEDAD

YA NO HAY EXCUSAS PARA ESTAR DESINFORMADOS

Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad (Icaria editorial) ofrece los casos más graves de muerte o graves daños a la salud de los ciudadanos producidos por los medicamentos en nuestro país en los últimos años. El libro de Miguel Jara muestra qué fármacos son peligrosos y quienes son los responsables de que gran parte de estos bienes esenciales se hayan convertido en meras mercancías. En el texto se hace un repaso por las estrategias que utilizan los laboratorios farmacéuticos para convertir este sector económico en el más rentable entre las industrias legales del planeta. Todo ello pasando, en numerosas ocasiones, por encima de los derechos humanos y de la ética. Fraudes científicos, corrupción, manipulación de conciencias, sobornos y chantajes desfilan en un libro con el que su autor quiere sacar a la luz informaciones ocultas o que pasan desapercibidas para la mayor parte de la ciudadanía y que afectan de manera decisiva a nuestra calidad de vida.


 

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