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Opinión

LA SOCIEDAD NARCOTIZADA

Fecha de publicación: 1-05-2006

Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica

En el número 17 de The Ecologist, Pedro Burruezo ya publicó un artículo extenso sobre el magnífico libro de Jean Liedloff, “El concepto del Continuum”. La célebreautora pasó recientemente por Barcelona, invitada por Imma Sàrries, paracelebrar un seminario en la Ciudad Condal. Burruezo cenó con ella y habló sobreadicciones, el “continuum”, la niñez en los pueblos tecnológicos...


Creo que ya lo he dicho en alguna ocasión. El concepto del Continuum, el libro de Jean Liedloff, es verdaderamente grande ytrascendental. Su contenido, escrito después de haber vividovarios años con los yekuana amazónicos, va mucho más allá de loque debería ser la correcta crianza de un bebé. Darse cuenta de loque es el “continuum” significa ver los problemas de nuestra sociedad a la luz de un prisma nuevo. Éste, bajo mi punto de vista, recoge el legado de tantas tradiciones espirituales que, como diría unmusulmán, han crecido al amparo o sin darle la espalda al “fitra” oestado natural; como decía, no obstante, la obra de Jean Liedloffayuda de una forma emblemática a comprender qué es lo más parecido a lo que en la antigua China se denominaba el Tao, a lo quemás se acerca a una vida en la correcta senda, y, sobre todo, ayuda acomprender cuáles son las consecuencias de que nuestra sociedad,y, en general, toda nuestra especie, se haya apartado del mundo natural. En opinión de Jean Liedloff, una enorme cantidad de las adicciones que hoy asuelan a los humanos encuentran su origen en esa“desviación”, en el haberse apartado del “continuum”.

DESVIADOS DE LA SENDA
En efecto, Jean Leidloff señala: “Mucha gente está completamenteperdida en la actualidad. Esto ocurre, en buena medida, porque ensu niñez fueron ya apartados de la senda más natural, de cómo vivieron nuestros ancestros durantes cientos y cientos de miles deaños. Sin duda, hay que buscar ahí muchos de los problemas quenos acosan por todas partes. Y uno de los más graves es el tema delas adicciones. Las personas de la sociedad occidental, desarraigadosde nuestros instintos como estamos desde los primeros minutos denuestra existencia, somos abocados a sistemas de vida para los queno hemos sido diseñados, y eso tiene consecuencias innegables ennuestras conductas”. Por ello, debemos ser conscientes de que losadictos a lo que sea no deben ser demonizados, sino que es el sistema en el que vivimos la causa de todos estos despropósitos, un sistema en el que prevalecen lo material, lo individualista y la desconexión, la división. Nuestra sociedad nos desvía de la verdaderasenda de la Naturaleza y nos conduce a todo tipo de adicciones. Jean dice: “Los adictos lo son a sustancias o a sensaciones que alteranla percepción de sí mismos. Si se sienten mejor cuando beben ocuando consumen sustancias alucinógenas, no quieren cambiar.John Lennon se quedó impactado con mis trabajos. Una adicciónsería algo así como querer volver a algo que se ha perdido”.

DAÑOS IRREPARABLES
En su magnífico libro, la autora advierte: “Me imagino que a nosotros nos gustaría que fuera una cultura humana en la quenuestra sociedad apoyara las inclinaciones cooperativas de lamisma. Pero la palabra ‘humana’ debe conllevar un respeto porel continuum humano. Una cultura que exija a las personas vivir de un modo para el que su evolución no les ha preparado,que no llene sus expectativas innatas y que presione, por lo tanto, la adaptabilidad de las mismas más allá de sus límites, estácondenada a dañar la personalidad de los miembros integrantes”. Nosotros somos, a una escala geológica, le pese a quien lepese, todavía, recolectores cazadores. Nuestros cuerpos y nuestras almas están adaptadas para vivir en consonancia con el continuum de nuestra especie. Sin embargo, hoy no nos esforzamospor satisfacer nuestras necesidades instintivas, sino que nos pasamos la vida satisfaciendo las necesidades del sistema económico, industrial y tecnológico internacional. No podemos esperar que esta desviación de nuestro instinto sea inocua.Por otro lado, en nuestra conversación aparece el tema del dolor y, concretamente, el dolor en el parto. Yo le comento a Jeanalgunos textos de antropólogos que hablan del parto sin dolorde los pueblos preagrícolas. Y ella asevera. “Hay que pensar, a lahora de parir, más en el feelingque en el dolor. No hay que pensar en el dolor físico sino en lo bueno que vamos a tener, en esaunión entre la madre y el hijo. El dolor y el miedo a él es algomuy típico de nuestra sociedad tecnificada. Yo también he leídotrabajos de antropólogos que hablan de partos sin dolor en pueblos ancestrales. Y, de hecho, lo viví. Una noche, en la selva,conviviendo con los yekuana, una mujer dio a luz bajo mi hamaca sin despertarme. Luego, el cacique, ante mis ‘quejas’, medijo que no era preciso que yo me hubiera despertado. Que parir no era estar enfermo. Habría que saber la tasa de mortalidaden partos de bebés yekuana, pero no lo puedo calcular. No hayestadísticas. El dolor es una adicción muy propia de nuestra sociedad. Es importante destacar que las parturientas no deberíantomar ningún fármaco, porque eso puede poner en peligro lacontinuidad del continuum entre ambos. Y las consecuencias nosabemos cuáles pueden llegar a ser, pero no buenas, claro”.

DESDE LA MÁS TIERNA INFANCIA
Desde la más tierna infancia nos alejamos del continuum. Porejemplo, nacemos en hospitales fríos y asépticos. Nada que vercon el parto de una hembra de cualquiera de las especies de mamíferos, de los que aún, no lo olvidemos, formamos parte. Todolo que pasa en un hospital inmediatamente después del nacimiento de un bebé supone una enorme ruptura con el continuum, no sólo del niño, sino también de la madre. Podemos hablar de castración. La madre y el bebé son apartados el uno delotro para cumplir con una serie de requisitos protocolarios delhospital completamente innecesarios y completamente al servicio de médicos, instituciones, compañías farmacéuticas... Después, la madre tendrá que ponerse a trabajar y la presión socialle dirá que sus pechos se mantendrán más hermosos si no le dael pecho a su bebé. Las tradiciones espirituales, los pediatras másprestigiosos y el sentido común señalan que un bebé debería,por muchos motivos, tanto de salud física como emocional, seramamantado a demanda durante, como mínimo, un par deaños. Pero nada más nacer empezamos a vivir de forma diametralmente opuesta a la forma en que nuestra especie, tras cientosde miles de años de evolución, consiguió adaptarse al medio.Jean Liedloff lo explica de una forma magistral: “El períodoinmediato al nacimiento es la etapa más impresionante de la vida fuera del cuerpo materno. Aquello con lo que un bebé se encuentre será lo que sentirá que la naturaleza de la vida es. Cadaimpresión recibida después de aquel período sólo podrá matizar, en un mayor o menor grado, la primera sensación recibidacuando no tenía ninguna información previa sobre el mundoexterior. Sus expectativas son las más inflexibles que jamás tendrá. El cambio que experimenta al abandonar la completa hospitalidad del útero es enorme, pero, como ya hemos visto, llegapreparado para dar el gran salto del útero a su lugar: los brazosde su madre”. Pero las instituciones hospitalarias tienen otrasideas al respecto. Las consecuencias en las emociones del pequeño serán nefastas.

LA SOCIEDAD NARCOTIZADA
La nuestra es una sociedad narcotizada por dos razones. Por unlado, porque la forma en que vivimos ha adormecido, o al menos pretende hacerlo, nuestros verdaderos instintos, los instintos de nuestros ancestros. Y, por otra parte, porque, incapaces devivir como lo hicieron nuestros antepasados, nos entregamos aadicciones que adormecen nuestra innegable satisfacción. ParaLiedloff está bastante claro: “Vivir dándole la espalda al continuum significa entrar en una espiral interminable de insatisfacciones. El resultado es que aumentan las enfermedades mentales, la depresión, las adicciones, los problemas de todo tipo... Aveces, nos fijamos en las causas inmediatas de estos problemas,o en la pequeña y minúscula gota de agua que colma el vaso. Pero, en realidad, deberíamos darnos cuenta de cuál es el origenprimero de todo este caos. Y, al menos en parte, el origen de todo este caos es vivir de una forma para la que la evolución nonos adaptó. Y lo peor es que empezamos a sufrir desde que nacemos. Y ese dolor se prorroga durante toda nuestra existencia”.¿Y qué podemos hacer? “Ya sé que no se puede cambiar todode golpe. Pero sí podemos empezar a hacer pequeños cambiosen nuestra vida que sean el principio de un camino que deberíatener por resultado volver a una vida más natural, más acordecon lo que en realidad somos”.

COMUNAS HIPPIES
He tenido la fortuna de vivir en carne propia el desastre que supone una lectura fragmentada de lo que se supone que es “volvera la Naturaleza”. Estudié a una comuna que, verdaderamente, podía parecer, desde fuera, algo similar a la tribu de los yekuana, almenos para alguien inexperto, como yo. Al principio, ellos se confesaban a sí mismos como seguidores de la Madre Tierra, de sus leyes y de su camino. Pero Jean Liedloff aclara que “el fenómenoocurrió en todo el planeta. El movimiento hippy tenía, en principio, la pulsión de ese retomar la senda del continuum, pero seacercó muy poco en lo esencial. Porque poner juntas a personasextravagantes y a supuestos gurus neuróticos no tiene nada quever con lo que aprecié conviviendo durante largas temporadascon los yekuana de la Amazonía venezolana. Los hippies, y sobretodos ciertos gurus, hacían las lecturas a su manera de lo que sería volver al mundo natural. Cogían lo que les interesaba segúnsus intereses y despreciaban, en conjunto, la esencia de lo natural.Por otro lado, tengo que decir que yo sólo puedo hablar de los yekuana, los únicos con los que he convivido. Hay algunos pueblosprimitivos que hacen cosas que estarían fuera del continuum. Pero, afortunadamente, hoy todavía hay pueblos que respetan elcontinuum, pese a todo, en todo el planeta”.

Pedro Burruezo
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